Los avances científicos transforman nuestra comprensión de las enfermedades inmunomediadas, pero los modelos de atención aún responden a una lógica fragmentada. México tiene la oportunidad de impulsar una atención más integrada, con diagnósticos oportunos y una coordinación clínica que refleje la verdadera complejidad de estas condiciones.
POR Dra. Brenda Salinas
Directora Médica de AbbVie México
Durante los últimos años, hemos sido testigos de los avances en el conocimiento de las enfermedades inmunomediadas; por eso, entendemos mejor los mecanismos biológicos que las originan y contamos con opciones terapéuticas que hace apenas unas décadas parecían fuera de nuestro alcance.
Sin embargo, el principal desafío ya no radica únicamente en generar más conocimiento científico; desde mi perspectiva, el verdadero reto consiste en lograr que los sistemas de salud evolucionen al mismo ritmo que la ciencia.
Esta reflexión cobra especial relevancia si consideramos que entre 4 y 6.5 millones de personas viven con alguna enfermedad autoinmune en México. A nivel mundial, estas condiciones afectan a entre el 3 % y el 5 % de la población. Detrás de estas cifras existen historias de personas que enfrentan años de incertidumbre, consultas con distintos especialistas y largos periodos de espera antes de obtener un diagnóstico claro. Por ello, es momento de replantear la manera en que entendemos y atendemos estas enfermedades.
Ver más allá de los síntomas
Con frecuencia, clasificamos las enfermedades inmunomediadas según el órgano donde se manifiestan con mayor claridad. Asociamos la psoriasis y la dermatitis atópica con la piel; la artritis reumatoide y la artritis psoriásica con las articulaciones; y la enfermedad de Crohn o la colitis ulcerosa con el sistema digestivo. Aunque esta clasificación facilita la práctica clínica, no siempre refleja la complejidad de lo que ocurre en el organismo.
Hoy sabemos que muchas de estas enfermedades comparten mecanismos inflamatorios comunes. También sabemos que su impacto va mucho más allá de los síntomas físicos: afecta la salud emocional, las relaciones familiares, el desempeño laboral y la calidad de vida de quienes viven con ellas.
Por esa razón, debemos dejar atrás una visión fragmentada de la enfermedad, porque cuando observamos únicamente una parte del problema, corremos el riesgo de perder de vista a la persona en su totalidad.
El tiempo también cuenta
Uno de los desafíos más importantes sigue siendo el retraso en el diagnóstico, porque muchos pacientes recorren un camino largo y complejo antes de recibir respuestas, y la enfermedad avanza, genera complicaciones y limita actividades que forman parte de la vida cotidiana.
Cada año que transcurre sin un diagnóstico adecuado representa una oportunidad perdida para preservar la funcionalidad, evitar daño acumulado y mejorar los resultados en salud, lo que también genera una presión para los sistemas de salud debido al incremento en consultas, hospitalizaciones y costos asociados a la atención.
Por ello, debemos colocar el diagnóstico oportuno en el centro de la conversación. Para lograrlo, necesitamos fortalecer la educación médica continua, impulsar una mayor colaboración entre especialidades y generar más conciencia sobre estas enfermedades en toda la sociedad.
Trabajar juntos para atender mejor
Uno de los aprendizajes más importantes que nos deja la inmunología moderna es que muchas enfermedades no pueden abordarse desde una sola perspectiva. A medida que conocemos mejor los mecanismos inflamatorios que comparten distintas condiciones, resulta evidente que los modelos de atención fragmentados tienen limitaciones para responder a la complejidad de estos pacientes.
México tiene una oportunidad para avanzar hacia esquemas de atención más coordinados, donde especialistas de diferentes disciplinas trabajen bajo una visión común centrada en la persona.
Cuando dermatólogos, reumatólogos, gastroenterólogos, médicos internistas y profesionales de atención primaria colaboran de manera más estrecha, aumentan las posibilidades de identificar la enfermedad a tiempo y ofrecer una atención más consistente a lo largo de todo el proceso.
La innovación no solo ocurre en los laboratorios, también ocurre cuando transformamos la manera en que organizamos la atención médica.
Una oportunidad que no debemos dejar pasar
Estoy convencida de que el futuro de la atención de las enfermedades inmunomediadas dependerá de la capacidad que tengamos para construir una visión compartida entre autoridades, profesionales de la salud, instituciones académicas, organizaciones de pacientes e industria.
Fortalecer el diagnóstico oportuno, promover la colaboración multidisciplinaria y desarrollar modelos de atención centrados en las personas representan pasos indispensables para responder a una necesidad creciente de salud pública.
Las enfermedades inmunomediadas nos recuerdan que el cuerpo humano funciona como un sistema interconectado. Nuestro sistema de salud debe evolucionar bajo esa misma lógica.
Si logramos hacerlo, no solo construiremos un modelo de atención más eficiente. También podremos ofrecer a millones de personas una mejor oportunidad de vivir con bienestar, autonomía y una mejor calidad de vida.
Referencias: 1. Autoimmune Diseases. National Institutes of Arthritis and Musculoskeletal and Skin Diseases. Disponible en: https://www.niams.nih.gov/health-topics/autoimmune-diseases 2. American Autoimmune Related Diseases Association. Autoimmune disease facts and statistics. Autoimmune Association. Disponible en: https://www.aarda.org/





