Emociones intensas, impulsividad y estigma rodean un diagnóstico que hoy puede abordarse con evidencia y acompañamiento adecuado
POR Miguel Cisneros
El Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) es un trastorno que se caracteriza por la desregulación emocional (experimentación de emociones muy intensas y distintas en un corto lapso de tiempo), conductas impulsivas que atentan contra la vida de sí mismo o de los demás (tales como autolesiones, abuso de drogas o alcohol, conductas sexuales de riesgo o atracones), vacío emocional crónico, constante riesgo suicida (planeación suicida, autolesiones e intentos de suicidio) y relaciones interpersonales inestables (tendencia a establecer un vínculo intenso e íntimo con una persona de forma rápida, pero de corta duración, de modo que eventualmente ese vínculo íntimo que generaba confianza y seguridad pasa a generar desconfianza, miedo u odio) (American Psychiatric Association, 2014).
Con una simple descripción de algunos de los síntomas más comunes en el TLP, puede parecer que la mejor idea es mantenerlos lo más lejos posible tanto del trato personal como profesional. A simple vista, parecen personas problemáticas que disfrutan del caos. Por ello, posiblemente, el TLP sea el trastorno de la personalidad más estudiado, más popular, más representado en el cine y, al mismo tiempo, uno de los diagnósticos que más han generado confusión, estigma y mitos entre la población general y los profesionales de la salud. Algunos de los mitos más extendidos son: “El TLP no tiene cura”, “es para toda la vida”, “solo debes aprender a vivir con él”. Es decir, que lo mejor que puedes hacer con el TLP es aprender a resignarse y no dar problemas a los demás. Aunque los estudios científicos dicen algo distinto.
Desde los noventa se han realizado diferentes investigaciones (Linehan, 1991; Zanarini, 2006) científicas que nos permiten cuestionar este y otros mitos.
Estudios que muestran con datos que el TLP disminuye con la edad bajo ciertas condiciones y autocuidados, investigaciones neurobiológicas que permiten entender las crisis emocionales no como debilidad, sino como un “dolor emocional crónico” por experiencias traumáticas en la temprana infancia.
Miguel Cisneros es psicólogo y maestro en Terapia Familiar Sistémica, especialista en el tratamiento de Trastorno Límite de la Personalidad (TLP), trastornos de la conducta alimentaria, depresión y adicciones. Es cofundador de Centro Soma, donde trabaja en atención clínica especializada, además de participar en investigación y divulgación en salud mental. Instagram: centrosomaslp TikTok: centrosoma
El TLP disminuye con la edad
Zanarini (2006) realizó estudios longitudinales con personas con TLP para obtener datos sobre la evolución de sus síntomas a lo largo de su vida. Se encontraron datos muy interesantes que permiten notar que el TLP sí puede disminuir con la edad, aunque no remite por sí solo, ya que hay patrones en común entre las personas que tenían menores crisis y mejor manejo de emociones: la evitación del abuso de sustancias y dedicarse a una actividad que sea de su interés.
Aunque estas dos características suenan muy sencillas, no lo son tanto para una persona con TLP, debido a que están relacionadas con su funcionamiento y sus causas. Por ejemplo, el abuso de sustancias es una conducta habitual en el TLP, ya que funciona como un regulador de emociones intensas y dolorosas; es decir, les permite sobrevivir al dolor, aunque al mismo tiempo lo mantiene vivo. Por otra parte, elegir una actividad del interés propio puede ser un reto para una persona con TLP, dado que una de las causas del TLP es haber crecido en un ambiente invalidante. Lo cual puede hacer que una persona dude constantemente de cuáles son sus intereses, emociones, identidad y lugar en la vida. Por ello, el vacío emocional crónico y la pérdida del sentido de vida son características también habituales del TLP. Poder elegir una actividad de interés propio, encontrar un lugar validante y seguro, puede ser todo un reto para una persona con TLP, pero también una herramienta que le permite darle sentido a su vida, regular las crisis emocionales y disminuir el malestar emocional.
¿Se cura entonces el TLP?
La respuesta a esta pregunta puede ser mucho más compleja de lo que parece. Buscar la cura para el TLP es, paradójicamente, lo que mantiene vivo su sufrimiento. Esto es así debido a que quienes pretenden “curarlo” se enfocan en eliminar o controlar emociones dolorosas o en esperar a que una persona ya no “reaccione” ante ciertos estímulos que activan años de sufrimiento y maltrato emocional. Las personas con TLP también buscan esto: esperan dejar de sentir, dejar de recordar, dejar de reaccionar con emociones y pensamientos que sienten que no pueden controlar. Gran parte de su tratamiento puede girar en torno a aprender a tolerar el malestar, soltar el control y tratarse de forma autocompasiva.
Por ello, el tratamiento para el TLP no es sencillo, aunque tampoco imposible. Implica esfuerzos coordinados de psiquiatría y psicología e involucrar a su contexto (familia y/o pareja) para que cambien creencias en torno al TLP, romper estigmas y prejuicios, aprender a ser validantes sin ser permisivos, y expresar inconformidad sin hacer juicios morales. Y claro que sí, también implica mucho esfuerzo y constancia por parte de la propia persona con TLP. En muchos aspectos, incluso el tratamiento para el TLP, me atrevería a decir, es fácil de entender, pero incómodo de aplicar.
Referencia: Higa Sh, et al. Comparative effectiveness of early initiation of oral nonsteroidal anti-inflammatory drug and oral acetaminophen therapies on the time to knee replacement in patients with knee osteoarthritis in Japan. BMC Musculoskeletal Disorders. 2023; 24:297





