Las estrategias de prevención tanto primaria como secundaria han mostrado resultados prometedores en la reducción de la incidencia y la recurrencia de los eventos cardiovasculares.
Por Dr. José Luis Kramis
Médico cirujano, con maestría en Administración en Sistemas de Salud. Máster en Urgencias, Emergencias y Catástrofes. Consultor independiente.


Una mirada actual en la prevención del riesgo cardiovascular
Las enfermedades cardiovasculares (ECV) constituyen la principal causa de muerte a nivel mundial. Si bien los avances en su tratamiento han reducido las tasas de mortalidad, la carga global de estas enfermedades sigue siendo elevada. Dado que las ECV son, en gran medida, prevenibles, resulta necesario priorizar medidas preventivas basadas en hábitos de vida saludables para mitigar su impacto. Dichos hábitos, como la práctica regular de ejercicio, una alimentación saludable, un sueño adecuado y el abandono del tabaquismo, pueden influir en los factores de riesgo cardiovasculares tradicionales.
Dieta adecuada
Diversos factores económicos, sociales, culturales, ambientales e individuales pueden actuar como barreras para la adopción de hábitos alimentarios saludables. El consumo de alimentos fritos, ricos en grasas saturadas, calóricamente densos y procesados, así como la ingesta habitual de bebidas azucaradas, se asocia con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades crónicas. Por lo tanto, el consumo regular de fibra, verduras y frutas, alimentos habituales en la dieta mediterránea, se ha asociado ampliamente con una reducción del riesgo de sufrir eventos adversos para la salud. Asimismo, se ha demostrado que esta dieta reduce los niveles de colesterol, glucosa y presión arterial, así como el peso corporal, factores que, en conjunto, disminuyen el riesgo de desarrollar ECV.
Dejar de fumar
Este hábito sigue siendo motivo de gran preocupación, ya que el consumo de tabaco es la principal causa de muerte prevenible a nivel mundial. Se ha observado que incluso fumar con moderación (de uno a cuatro cigarrillos al día) aumenta el riesgo de infarto de miocardio o de mortalidad; por el contrario, el abandono del hábito tabáquico durante cinco años o más reduce significativamente el riesgo de mortalidad por todas las causas.
Dormir bien
A menudo se subestima la mala calidad del sueño como factor de riesgo de ECV. La investigación epidemiológica ha aportado información valiosa sobre la relación entre la duración del sueño, el riesgo cardiometabólico y los desenlaces cardiovasculares clínicos. En concreto, una duración breve del sueño se asocia a un mayor riesgo de diabetes mellitus, hipertensión, cardiopatía coronaria, accidente cerebrovascular y síndrome metabólico; asimismo, se han observado efectos metabólicos similares en personas con una duración prolongada del sueño. La mayoría de las guías recomiendan dormir entre siete y ocho horas por noche para obtener el máximo beneficio.
Hacer ejercicio
Por lo general, se recomienda al menos 150 minutos de ejercicio aeróbico de intensidad moderada o 75 minutos de ejercicio de intensidad vigorosa a la semana, junto con actividades de fortalecimiento muscular dos o más días por semana. La actividad física ayuda a mejorar la aptitud cardiovascular, reducir la presión arterial, los triglicéridos, la inflamación y el estrés oxidativo, así como a controlar el peso. También tiene efectos beneficiosos sobre la salud mental, lo que puede favorecer indirectamente la salud cardiovascular al reducir el estrés y promover el bienestar general.
Farmacoterapia
Si bien centrarse en la modificación del estilo de vida es fundamental al elaborar un plan de atención, a menudo resulta necesaria la incorporación de medicamentos para reducir el riesgo. Actualmente existe un número creciente de fármacos hipolipemiantes utilizados para reducir el riesgo de enfermedad cardiovascular, entre ellos las estatinas, la ezetimiba, los inhibidores de la proproteína convertasa subtilisina/kexina tipo 9, los fibratos, los secuestradores de ácidos biliares, la niacina y los suplementos de omega-3.
Life’s Essential 8 (Los ocho estándares esenciales para la salud cardiovascular)
La American Heart Association (AHA) publicó un documento que hoy sigue siendo de actualidad. Para alcanzar una salud cardiovascular ideal, una persona debe cumplir con estos estándares en los ocho componentes:

Se estima que hasta el 90 % de los casos de enfermedades cardiovasculares pueden prevenirse mediante la implementación de medidas simples y eficaces. Los médicos desempeñamos un papel fundamental y debemos poner énfasis en la adopción de estas medidas en nuestros pacientes.
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