Cuatro pasos probados en mentoría para que el liderazgo sobreviva al líder. “¿Quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla?” (Lucas 14:28)
POR Adalberto Maldonado Romero
Hace unos meses, un empresario me dijo: “Creo que soy un buen líder. El problema es que no logro ser constante”. Esa frase, dicha casi con resignación, resume el problema más grande del liderazgo actual: no falta talento, falta consistencia. Hay líderes brillantes pero inconsistentes, equipos que dependen demasiado de una sola persona, resultados que aparecen, pero no se sostienen. Jesús lo expresó con la imagen de la torre: cualquiera puede empezar; pocos calculan lo que cuesta terminar.
Liderazgo: ¿acto o proceso?
Durante décadas hemos tratado al liderazgo como una cualidad personal: carisma, carácter, visión. Peter Drucker lo decía con claridad: “La gerencia es hacer las cosas correctamente; el liderazgo es hacer las cosas correctas”. Pero Jim Collins demostró en Good to Great que las empresas que pasan de buenas a excelentes no dependen de líderes carismáticos, sino de líderes nivel 5 (Level 5) que construyen sistemas y procesos duraderos.
El talento no es suficiente. El liderazgo no es un acto: hace falta partitura, ensayo y dirección. El liderazgo es un proceso y, como tal, puede diseñarse, medirse y gestionarse.
Los cuatro pasos del proceso de liderazgo
En mi experiencia como mentor, he identificado una secuencia que aparece, sin falta, en todo liderazgo efectivo:
1. Proponer es compartir la visión con tal claridad que el otro pueda describirla con sus propias palabras y reconocer el mismo destino. Recuerdo a un empresario al que acompañé que era brillante, pero su equipo lo veía como un genio sin entender qué les pedía. Su problema no era de talento, sino de verificación: jamás confirmaba si lo habían comprendido.
2. Prometer es el puente entre tu propósito y el del otro; es mostrarle que tu visión también puede ser la suya. Cuando funciona, al preguntarle a alguien por qué quiere lograr algo, responde con razones personales. Cuando falla, responde: “porque es mi trabajo”.
3. Comprometer es invitar al otro a hacer suya la misión mediante tareas concretas. Trabajo con un padre de familia que había propuesto y prometido a sus hijos una visión hermosa, pero nunca les había pedido nada concreto. Cuando lo descubrimos, se quedó helado: “¿Cómo es posible? ¡Nunca pensé en eso!”. Hoy sus hijos saben qué se espera de ellos, y eso lo cambió todo.
4. Facilitar es preparar el camino y acompañar cuando el otro tropieza. En mi caso, es donde más he fallado: por prisa he resuelto en lugar de enseñar; por soberbia, he avasallado en lugar de retroalimentar.
La raíz común
Cuando el liderazgo falla, casi siempre aparece el mismo patrón: el líder se coloca al centro en lugar de poner al otro al centro. Sobreprotege porque no quiere ver sufrir. Promete de más porque quiere convencer. Resuelve porque tiene prisa. Liderar bien exige el movimiento contrario, y eso solo se sostiene con coherencia.
Tu checklist de 60 segundos
Antes de tu próxima reunión, responde mentalmente:
Proponer: si le pido a tres miembros de mi equipo que describan nuestra visión, ¿coinciden?
Prometer: ¿saben por qué quieren lograrla, o solo porque yo la quiero?
Comprometer: ¿cada quien tiene tareas concretas y sabe cómo se evaluarán?
Facilitar: los problemas que resuelvo, ¿se repiten, o el equipo aprende a resolverlos sin mí?
Si dudaste en alguna, ahí está tu próximo trabajo de líder.
Volver a la torre
Lo que Jesús sugiere en Lucas 14:28 no es que dejemos de soñar, sino que calculemos lo que cuesta terminar. Esa es la tarea del directivo de hoy: no ser el héroe de la historia, sino el arquitecto del proceso que la hace posible. Porque la verdadera excelencia consiste en hacer lo correcto incluso cuando nadie está mirando, cuando el líder no necesita estar detrás de la gente para que las cosas sucedan. Y eso solo ocurre cuando el liderazgo deja de depender de una persona y se convierte en un sistema vivo.
ADALBERTO MALDONADO ROMERO
Empresario visionario con más de 25 años de experiencia liderando organizaciones. Posee un doctorado en Gestión Estratégica y Políticas del Desarrollo, así como dos maestrías: una en Administración y otra en Ciencias de la Familia y Consejería Familiar. Actualmente se desempeña como vicepresidente de FUNSALUD, consejero independiente y mentor en liderazgo y estrategia para diversas organizaciones.
Comentarios o preguntas: adalberto.maldonaro@anahuac.mx o linkedin.com/in/ adalbertomaldonadoromero





